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PRESENTA:

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LA FRONTERA COMO LUGAR DE CREACIÓN

Por Margot Le Peltier para Begiak

"Begiak significa "ojos" en euskera. Me gusta pensar que el nombre de nuestro colectivo no habla solo del acto de mirar y coger el instante, sino de la multiplicidad de las miradas. Ningún par de ojos observa el mundo exactamente igual.  

 

Nace del encuentro entre tres personas de lugares distintos: Jacobo Parra, fotógrafo mexicano; Iñigo, fotógrafo vasco; y yo, francesa con un rol indefinido. Los tres vivimos en el País Vasco y compartimos la convicción de que la diversidad de perspectivas no es un obstáculo, sino una forma de crear. Organizamos exposiciones, proyectos fotográficos y conversaciones, siempre con la idea de mirar un mismo lugar, una misma escena, desde experiencias diferentes.

 

La entrevista con Nortec: Bostich + Fussible también nace de uno de esos encuentros.

 

Nortec Collective surgió en Tijuana a finales de los años noventa como un movimiento artístico y musical que revolucionó la escena electrónica latinoamericana. Lo que comenzó como un colectivo de productores experimentando con la música electrónica y los sonidos tradicionales del norte de México terminó convirtiéndose en un fenómeno cultural que redefinió la identidad sonora de una ciudad fronteriza y la proyectó internacionalmente. Hoy, Bostich (Ramón Amezcua) y Fussible (Pepe Mogt) son los principales representantes y continuadores de ese movimiento.

 

Años atrás, Jacobo había retratado a la banda en México. Su relación con la escena artística y musical del norte del país, así como con la comunidad mexicana en Bilbao, hizo posible este reencuentro. Durante su paso por Euskadi, Nortec actuó en dos espacios mexicanos ligados a esa comunidad —Perro Chico y La Atómica — creando con la música un puente entre Tijuana y Bilbao.

 

Esta conversación no habla únicamente de música. Habla de identidad, de mestizaje, de fronteras, de mutación y de la capacidad del arte para transformar aquello que creemos conocer.

 

La historia de Nortec también nace de elementos que encuentran sentido cuando se mezclan: tradición y electrónica. Igual que Begiak, su fuerza reside en la convivencia de esas miradas distintas. 

LA IDENTIDAD COMO PROCESO 

Esa idea de la mutación atraviesa también la historia de Nortec.

 

Después de tantos años creando desde esa tensión entre lo heredado y lo nuevo, ¿qué territorios culturales o sonoros siguen despertando vuestra curiosidad? ¿Dónde sentís que todavía hay espacio para seguir mutando?

 

Fussible: Creo que siempre hemos estado experimentando. Aunque existe Nortec, Ramón y yo desarrollamos también proyectos individuales mucho más experimentales, trabajamos para cine, artes visuales y otros formatos.

 

Antes de Nortec ya hacíamos música electrónica muy influenciada por Europa y Estados Unidos. Era lo que nos llegaba desde la frontera. Pero llegó un momento en el que nos preguntamos: somos de Tijuana, ¿por qué nuestra música no tiene una identidad propia?

 

La música regional estaba presente en nuestra vida desde pequeños, pero nunca la habíamos considerado un material para crear. Decidimos deconstruirla, transformarla, hacer que dejara de sonar a banda o a norteño y se convirtiera en algo completamente nuevo.

 

Pensábamos que sería un único disco. Después de publicarlo empezaron a llamarnos de festivales como Sónar, Coachella o Roskilde. Nos vimos obligados a seguir componiendo, a seguir experimentando.

 

Veintisiete años después seguimos haciendo exactamente eso: experimentar. Nortec nos llevó a redescubrir nuestra propia tradición y a entender que siempre existe otra forma de mirar el mismo material. 

CUANDO LA FUSIÓN DEJA DE SER UNA EXCEPCIÓN 

Nortec nació cuando mezclar música electrónica con sonidos tradicionales era casi un gesto provocador. Hoy la mezcla forma parte del lenguaje contemporáneo. ¿Cómo ha cambiado para vosotros el significado de la fusión?

 

Bostich: Cuando empezamos no pretendíamos crear un movimiento. Sólo queríamos encontrar una identidad propia. La fusión nunca fue un objetivo en sí mismo; fue una consecuencia de preguntarnos quiénes éramos.

 

Hoy todo el mundo mezcla referencias, pero creemos que sigue siendo importante hacerlo desde un lugar honesto, no como una fórmula estética. 

LA MÚSICA MÁS ALLÁ DEL ESCENARIO

Durante la conversación surge otro aspecto importante de su trabajo: las bandas sonoras, el cine, la publicidad y los videojuegos.

 

Han compuesto música para películas, series, videojuegos y campañas internacionales. Su trabajo incluso ha acompañado el lanzamiento de un iPhone o anuncios de Volvo.

 

Sin embargo, explican que siempre han mantenido una línea ética muy clara.

 

Bostich: Nunca permitiremos que nuestra música se utilice para campañas políticas o religiosas. Hay proyectos comerciales que aceptamos porque compartimos su visión artística, pero hay límites que no queremos cruzar. 

LA IMAGEN DE UNA CIUDAD

Durante mucho tiempo Tijuana estuvo asociada internacionalmente a la violencia, el narcotráfico o la frontera.  

 

¿Puede el arte cambiar la manera en que una ciudad es imaginada desde el exterior?

 

Fussible: Es importante recordar que una ciudad nunca es sólo sus problemas. Siempre existen movimientos culturales que construyen otra realidad.

 

En Tijuana la violencia convivía con una enorme efervescencia artística. Ha ocurrido durante distintas épocas: en los años veinte, en los cincuenta, con la generación Nortec y también ahora.

 

Incluso la inmigración ha enriquecido la ciudad. Personas llegadas de Haití, Centroamérica o del resto de México forman hoy parte de la identidad de Tijuana.

 

Las noticias suelen mostrar únicamente aquello que vende. El arte permite construir otros relatos.

 

Como ejemplo recuerda el álbum Boulevard 2000. Antes de su publicación, buscar ese nombre en internet llevaba a noticias relacionadas con asesinatos y violencia. Tras la salida del disco, comenzaron a aparecer también referencias musicales.

 

Bostich: El arte sensibiliza. Y una sociedad sensible toma mejores decisiones. 

LA FRONTERA COMO ESPACIO CREATIVO

La frontera suele entenderse como una línea que separa. Para Nortec, sin embargo, siempre ha sido un espacio de intercambio.

 

¿Cómo ha influido esa experiencia de crecer y crear desde una ciudad fronteriza en vuestra manera de entender la música?

 

Fussible: Totalmente.

 

Primero fue la radio. Desde Tijuana escuchábamos inmediatamente lo que estaba ocurriendo en San Diego o Los Ángeles.

 

Después llegaron los conciertos. Cruzábamos la frontera para ver a nuestros artistas favoritos y, más tarde, muchos de ellos empezaron a tocar directamente en Tijuana.

 

Era una ciudad donde convivían músicos, migrantes y personas llegadas de todo México. Esa mezcla terminó convirtiéndose en nuestra identidad.

 

Tijuana es una ciudad fronteriza, sí, pero sobre todo es una ciudad construida por muchas culturas.

PRIMERAS MIRADAS SOBRE BILBAO

Después de tres días recorriendo Bilbao, les pregunto qué impresión se llevan.

 

Les sorprenden la arquitectura, la escena cultural, la cercanía de la gente y la tranquilidad con la que se vive la ciudad. "Con tres días sólo puedes tener una primera impresión", reconoce Bostich. "Pero ha sido una muy buena primera mirada."

 

Mientras termino de transcribir la conversación, pienso en dos proyectos que también han atravesado mis últimos meses.

 

Uno es GIZA (humano), una exposición que me ha hecho reflexionar sobre una intuición: mirar el ser humano, no es comprenderlo todo. Mirar es aceptar que siempre habrá una parte que permanecerá desconocida, ese espacio de incertidumbre. Un espacio donde puede comenzar una forma de creación a través de nuestra interpretación. El segundo es una conversación con el cineasta Oliver Laxe, quien me hablaba del viaje no como desplazamiento, sino como una forma de dejar que el otro transforme nuestra propia mirada. "Los artistas vivimos del mestizaje", me decía.

 

Quizá esa sea también la mejor manera de entrar en el universo de Nortec.

 

Su música no ha consistido simplemente en mezclar géneros. Ha consistido en escuchar antes de apropiarse, en transformar sin borrar el origen, en aceptar que la identidad no es una esencia sino una conversación permanente entre culturas, sonidos y experiencias. Al final, más que hablar de fronteras, Nortec me ha hablado de encuentros.

 

Y tal vez esa sea también la razón de ser de Begiak: creer que cada mirada se amplía cuando acepta dialogar con otra. Es ver el viaje como un acto creativo que empieza cuando uno está dispuesto a abandonar sus certezas para dejarse transformar sin conocer el camino. O, como lo explica Laxe, “el verdadero viaje consiste precisamente en eso: morir simbólicamente a lo que uno creía saber”. 

FOTOGRAFÍA ​*/+ JACOBO PARRA +\*

ENTREVISTA Y TEXTO */+MARGOT LE PELTIER +\*

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